Que castigo seria preciso para esta hereje que tiene tanta sed de ti; causante del delirio obsesivo de tu incontenible reacción al roce más mínimo de mis dedos en tu piel, el aire me pesa en la presencia de extraños y quisiera desaparecer de la ciudad… el caos detestable obliga a nuestros cuerpos a conservar la distancia prudente; culpo a entes cercanos de mi imposibilidad de poseerte absolutamente; miran asombrados como te beso famélica.
Ellos no entienden del extraño amor que cohabita en mi cuerpo y yo aquí extrañándote tanto mientras escribo estas líneas que no son más que una excusa para desahogar los sentimientos que provocan tu recuerdo.
Miro la hora y le hago trampa al minutero para que marque tu llegada.
Que me castiguen si es preciso por mi conducta indeseable en una sociedad tan beata; no tengo alternativa a las llamas del infierno al que la cristiandad me condena por profesarte el amor que te tengo, OBTUSOS NO ES PECADO AMAR.





